3.1::Rostros biográficos de Juan Rulfo
Escrito por Roberto Garcia Bonilla el Lunes, 11 de Mayo del 2009 a las 11:07 PM
Rostros biográficos de Juan Rulfo
Roberto García Bonilla
A dos décadas del fallecimiento de Juan Rulfo (1986) y a noventa años de su nacimiento (1917), la mención de su nombre sigue provocando reacciones antagónicas que rebasan las interpretaciones y los análisis de El Llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955). El enigma distingue al escritor que no se sabe con exactitud si nació en Apulco o en Sayula;1 sus pasos están rodeados de fuerzas en conflicto que van del milagro al infortunio, del silencio al estrépito, del confinamiento a la veneración. El sino de la ambigüedad lo persiguió a lo largo de su existencia; negó a sus entrevistadores noticias de sus primeros años y a través de los retratos de infancia sabemos de un desasosiego que nunca lo abandonó. La fama y los viajes lo llevaron de la agitación al hastío; acompañado de una autocrítica feroz y de un cansancio de vivir, no volvió a entregar más libros a las imprentas después de 1954, si se exceptúa “La Cordillera”, mítica novela, de la cual se escribió, incluso, alguna reseña y se menciona en un diccionario, aunque a la postre nunca se publicó. ¿Cúantos creyeron que el fatalismo de Rulfo descansaba en sus circunstancias personales y no en su esqueleto? Después de su muerte, la imagen del personaje público y su obra se mantienen intactas como un enigma personificado y uno de los hitos de la literatura hispanoamericana y mundial.
El mito sustantiva al escritor jalisciense, es simiente de su posteridad. ¿Dónde terminan la realidad de los hechos y dónde se inicia el rumor?: complejo proceso de comunicación que se reinventa y actualiza su ambigüedad en cada nuevo pronunciamiento. El rumor es caldo de cultivo de las leyendas en un personaje tan huidizo como Rulfo, quien también podía cautivar a sus interlocutores con monólogos provenientes, por ejemplo, de anecdotarios de rancheros que se enriquecían alterándose en la reconstrucción de la memoria y podían acabar como historias espontáneas que irrumpían y desaparecían como soplos de experiencias propias. Las declaraciones, los proyectos inconclusos del personaje -que firmó hasta la mitad de los años cuarenta como Juan Peréz Vizcaino-2 se confunden con los entredichos, artículos, informes, análisis, glosas que el medio cultural, periodístico y académico han producido en dimensiones industriales. La valoración conjunta es imposible.
La parquedad de Rulfo y el celo con que protegió su intimidad, lo convirtieron en un enigma viviente. Lograr que aceptara una entrevista era, más que un privilegio, una fortuna del azar,3 y proponerse escribir una biografía de Rulfo en 1980 habría sido una extravagancia. Los secretos del escritor, sus hallazgos, su genialidad —en ocasiones escamoteada—, emergían con grandes dosis de silencio que engendraron el mito alrededor de su esterilidad creadora durante los últimos treinta años de su vida.
Antecedentes biográficos del escritor son algunos textos que se concentran en algunos momentos de su vida, una suerte de fragmentaria intención y esbozos de un rostro a través de la aprehensión de lo cotidiano. Seleccionarlos es el objeto de este texto. Un primer ejemplo es el de Luis Harss. En “Juan Rulfo o la pena sin nombre” (1968)4 reconocemos uno de los retratos psicológicos más penetrantes que se han escrito sobre Rulfo; su contundencia está en la manera de sugerir rasgos y ademanes, estableciendo semejanzas entre la grandilocuencia ausente del autor y la de sus personajes. Después de mostrar lo lejos que estaba Rulfo del regionalismo, Harss traza un mapa para encontrar a los antepasados del escritor que habrían sido, por el lado materno, andaluces. Luego salta al pasado inmediato, el de la niñez y juventud del aspirante a escritor, para adentrarse, de inmediato, en los cuentos y en la novela de “uno de los milagros de nuestra literatura. No es propiamente un renovador, sino al contrario, el más sutil de los tradicionalistas”. Harss alterna los rasgos y motivaciones de los personajes con los de su mismo creador. Con una descripción puntillista delinea un mural sociohistórico de la obra, teñida con las brumas del pesimismo que nunca pudo sacudirse el autor de “Nos han dado la tierra”.
Reina Roffé publicó en 1973 uno de los primeros textos biográficos del escritor; sobre nueve entrevistas y textos en primera persona, conformó Juan Rulfo, Autobiografía armada,5 un monólogo en el que Rulfo recorre la historia de sus ancestros; recrea instantes de su infancia y la vida rural en Jalisco; aborda, también, el proceso de gestación de su obra y reflexiona sobre su postura como escritor y sobre el choque entre el campo y la ciudad de México. Ramiro Villaseñor señala: el gran reto de los biógrafos del autor jalisciense, hasta hace menos de diez años es el hecho que, “la biografía de Juan Rulfo está llena de alteraciones y omisiones”.6 Felipe Cobián Rosales –en 1986- sitúa espacios y familiares del Llano Grande en las primeras décadas del siglo XX, describe momentos en la vida de los hermanos Pérez Rulfo, como el asesinato de don Cheno, y recupera testimonios de parientes y vecinos de Juanito.7 En “Antecedentes y datos biográficos de Juan Rulfo” (1989), Federico Munguía Cárdenas precisa fechas y establece contradicciones alrededor de referencias biográficas (1987);8 Antonio Alatorre reconstruye en “Las cuitas del joven Rulfo burócrata” (1992) la atmósfera anímica y las rutinas del escritor siendo empleado de la Secretaría de Gobernación (1936-1947);9 luego en “La persona de Juan Rulfo” (1999)10, se propone evidenciar cómo la mentira y la verdad se mezclan en la construcción del autor; se advierte cómo Rulfo tuvo que protegerse de la fama, mantener ideas fijas como verdades, y estimular su fantasía en algunas declaraciones y evocaciones públicas. Pero más que construir una imagen de sí mismo, el escritor pareció empeñado en esbozar autorretratos hablados y arrojar al vacío espectros de su personalidad. Él, como muchos de sus personajes, se proyecta como un fantasma viviente. En “La leyenda de Rulfo: cómo se construye el escritor desde el momento que deja de serlo” (1992),11 Jorge Rufinelli recorre las fabulaciones alrededor del personaje que deviene en mito pluralizado: Rulfo, escritor artesanal y genial sin conciencia de sus alcances creativos; la leyenda negra del auxilio de colegas en la estructuración final de Pedro Páramo; “La Cordillera”, novela inexistente que con su mención reiterada logró, como uno más de los misterios que rodean al escritor, la mención en una historia de la literatura.12 Una vez más apareció el error vivo. Y Emmanuel Carballo en “Juan Rulfo, 1917-1986” (1994)13, deja una sintética biografía intelectual de su compañero en el Centro Mexicano de Escritores y asegura: “influí de una manera decisiva en Juan Rulfo. Fue uno de mis descubrimientos. La gente no me ha dado el crédito necesario por razones de política literaria”. Fabiola Ruiz rescata voces de pobladores de Jalisco que recordaron al niño Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno y pinta sus propios cuadros de época; son una docena de textos en que manchones de la memoria se vuelven, gracias a la ficción, retratos abstractos. Por el camino de Juan14 reproduce fotografías de parientes del escritor, lo cual hará con más amplitud en la siguiente entrega editorial; una selección de 30 fotografías que se inicia con un retrato del abuelo paterno, Severiano Pérez Jiménez y concluye con una imagen del matrimonio Rulfo-Aparicio el día de su boda (mayo de 1948) en el Templo del Carmen en Guadalajara. La iconografía está precedida de una genealogía con datos inéditos sobre los ancestros del escritor: Juan Manuel Rulfo (1784-1834) es el primero de los Rulfo de que se tenga memoria, tatarabuelo de Juan Rulfo, quien se desempeñó como delegado realista en Zapotlán el Grande y capitán de la Compañía de Indios Patriotas, cuerpo de ejército conformados en los pueblos para luchar contra los insurgentes.15
Entre los textos que se han descrito, las extensión es variable entre unos y otros y ciertamente no se pueden situar en un género particular (se entraría al polémico deslinde entre ensayo, artículo y crónica); en general son artículos en los que se encuentran rasgos de la crónica y cuyo aliento reflexivo está presente en la mayoría de los casos. Se encuentran algunas similitudes: casi todos, en su origen, fueron publicados en revistas o periódicos. También coinciden en su tono conversacional, incluso en el caso de los académicos Antonio Alatotorre, Fabiola Ruiz y Luis Harss; “Juan Rulfo o la pena sin nombre”, se reitera, es el texto más significativo, siendo una mezcla de hondura y expresividad; crítica y reflexión se despliegan con un estilo literario. Entre los acercamientos biográficos de autores no mexicanos se cuentan los textos de los académicos Milagros Ezquerro (1980, 1986)16 y José Riveiro Espasandín (1984).17
Y el libro monográfico Los caminos de la creación en Juan Rulfo (1993),18 Sergio López Mena da cuenta de la formación literaria del escritor y de su integración a los círculos literarios de Guadalajara y de la ciudad de México; sabemos así del ambiente que se respiraba dos décadas antes de la publicación de Pedro Páramo (1955). La capital del país no era ya “la región más transparente”, pero tampoco alcanzaba la asfixia cotidiana de nuestros días. Rulfo tuvo que vivir la sordidez laboral los primeros meses de 1947 en la Goodrich Euzkadi donde fungió como capataz (“fiscal de los obreros”). López Mena recorre el proceso de gestación de los cuentos y la novela. Aunque no se conoce fuera de los círculos académicos, este libro monográfico, cubrió, en su momento, no pocos huecos alrededor de la obra y la vida del escritor jalisciense.
Los textos anteriores, conforma los cimientos sin los cuales habría sido casi imposible concebir las primeras dos biografías de largo aliento, publicadas fuera de México. De 2003 a 2005 se publicaron cinco biografías de Juan Rulfo. ¿Cómo escribir la vida de un escritor tan enigmático y huidizo que se distinguió por su ensimismamiento y defendió con tenacidad la privacidad de su vida familiar? ¿Cómo enfrentar la suma de leyendas que rodean no sólo muchos momentos de su vida sino también su carrera tan breve como fulgurante? ¿Cómo conciliar la imagen del escritor conocedor de distintas tradiciones literarias y apasionado de la historia de su país, frente a la del creador de una obra, producto de un fugaz golpe de genialidad?
Las primeras biografías son de dos autoras extranjeras: Reina Roffé, argentina y Nuria Amat, española. En Juan Rulfo. Las mañas del zorro,19 Roffé emprende un viaje por los eriales anímicos del escritor mexicano, penetrando en los abismos de una personalidad proclive a la depresión. Se advierte el respeto de la biógrafa argentina hacia su personaje sin disminuir, tampoco, sus fragilidades y sus carencias. Se interroga sobre las contradicciones del escritor y con frecuencia prioriza el juicio de otras voces sobre su interpretación personal, manteniendo así una distancia, que por instantes, el lector leerá como neutral (aunque, en rigor, la neutralidad en un biógrafo sea imposible): “Dejo que el lector haga su propia composición de lugar, arme el puzzle de la vida de Rulfo, una vida íntimamente ligada, por supuesto, a la construcción de su obra”.20 Aborda, en distintos contextos, un tema recurrente en su biografía: los alcances y las secuelas del silencio creativo.
Al escribir Juan Rulfo, el arte del silencio,21 la escritora española Nuria Amat se propuso situar al autor de “Luvina” como uno de los más importantes del siglo XX, además de difundirlo más en Europa. Su texto fue concebido como una biografía literaria. Sus objetivos responden a su oficio: ella es novelista, no biógrafa, por lo tanto le importa ahondar en los procesos de la creación y acentuar la influencia del Rulfo fotógrafo sobe el Rulfo escritor, antes que llegar, por ejemplo, a los intersticios de la vida sociocultural de la ciudad de México entre las décadas de los cuarenta y los sesenta. La suya es una reflexión e interpretación de los caminos escriturales de Rulfo, de su agotamiento ante la hoja en blanco y de los intentos creativos de largo aliento sin fructificar. Uno de sus objetivos fue escribir una biografía que pudiera leerse como se lee una novela. “Aún me he guardado algunas teorías personales. Sobre Rulfo queda mucho por decir y escribir…”22
La familia Rulfo Aparicio le solicitó al académico Alberto Vital escribir la biografía del escritor: Noticias sobre Juan Rulfo, 1784-2003 (2004); Clara Aparició Rulfo escribió en su prefacio: “Afrontar la tarea de escribir sobre la vida de Juan Rulfo requiere del empeño de una persona con una actitud escrupulosa y sincera, que deje a un lado anecdotarios o mitos sin sustento. Porque Juan no vivió con la actitud de que su persona pasara a la posteridad. Lo que deseaba es que su obra lo hiciera”.23
Es la única biografía autorizada de manera expresa por la familia del escritor. Contiene fotografías de sus descendientes y algunas son del propio Rulfo. Aquí la discreción informativa y la sobriedad estilística se imponen; las fuentes testimoniales del escritor (epistolarios u otros documentos) se deslizan con una mesura que en algunos pasajes pareciera que delinearon los herederos. El lector se introduce con detalle en los antepasados del escritor y sigue de cerca la trayectoria física y bosqueja la obstinación del futuro autor de Pedro Páramo. Como motivos conductores aparecen las inquietudes intelectuales y artísticas del creador, y su preocupación por disciplinas como la historia, la antropología social y la arquitectura. Vital reitera la integridad moral y el carácter insondable de su personaje; sobre el halo hagiográfico de las biografías autorizadas ha comentado: “Yo quise hacer la biografía de un creador en su fase generativa, no sólo en su vida personal, sino en la literatura y la cultura mexicana. No intento santificar la vida de Rulfo. Si se descubriera un texto sobre su alcoholismo, replantearía mi biografía”.24
El autor de Noticias sobre Juan Rulfo es el único biógrafo que contó con el archivo personal del escritor y con documentos de sus herederos; es notoria la ausencia de una recuperación de la ciudad de México que el joven de Apulco conoció entre 1935 y 1985. Ya en Aire de las colinas. Cartas a Clara (Juan Rulfo, 2000), Vital -autor del prólogo- pudo enriquecer el epistolario con notas sobre acontecimientos, nombres y fechas que evidencian los cambios de residencia y la vida doméstica y laboral, así como los vínculos que tuvo Rulfo con sus colegas. El biógrafo delinea la austeridad personal que rodeó al escritor y penetra, con intermitencias, en ese complejo vínculo que el jalisciense tuvo con la ciudad de México, donde encontró en la Secretaría de Gobernación –en 1936- al personaje más significativo al inicio de su vida literaria: Efrén Hernández. De la amistad entre ambos escritores casi nada se sabe. ¿Existió una correspondencia entre ellos?
Grupo Editorial Tomo presentó en 2004 una biografía concisa, sin más pretensiones que las de contar la vida de una celebridad y vender un gran tiraje, está narrada como un amplio reportaje y coloreada de menciones textuales directas o indirectas; en ningún caso los autores25 –que con seguridad firmaron con seudónimos- consignan sus fuentes bibliohemerográficas.
Juan Antonio Ascencio publicó la última biografía de Rulfo que hasta ahora conocemos. Su autor, abogado de profesión, frecuentó al escritor a partir de 1982, año en que fue abogado del escritor en un juicio. Luego alcanzaron una estrecha convivencia. Se trata de Un extraño en la tierra (2005),26 cuyo subtítulo (“no autorizada”) lo añadieron en la editorial. Esta biografía sigue un recuento cronológico sostenido en largos anecdotarios de personajes que conocieron al escritor. Ascencio documenta muchas de sus exposiciones, sobre todo las que tienen que ver con temas polémicos; no cree que el escritor se hubiera encubierto con máscaras. El abogado señala que la biografía per se no le interesa sino ligada a la obra: “La afirmación de que la vida del escritor en nada ilumina la obra me parece dictada desde un escritorio”.27
El pintor Juan Pablo Rulfo, hijo del escritor, señaló que su familia está en desacuerdo con esta biografía aunque “nosotros no censuramos nada, lo dejamos a la interpretación y sentido común del lector”. Y añade: “Yo no sé por qué inventarle cosas a una persona tan discreta como mi padre […] Después de su muerte le aparecieron muchos amigos a quienes les dijo cosas únicamente dirigidas a ellos y que luego las transcriben en biografías, artículos y otros textos […] Mi padre, al ser tan discreto, dejó un enorme vacío que muchos han venido llenando con sus propias invenciones o ideas”.28 Y el director de la Fundación Juan Rulfo, Víctor Jiménez, declaró en mayo de 2005: “padecemos una plaga de seudobiografías hechas por ignorantes, antologías y estudios de dudosa calidad”.29
II
La cantidad de entrevistas que Rulfo ofreció dentro y fuera del país podría desmentir su fama de hombre silencioso;30 ciertamente él rehuía los grandes auditorios y era experto en eludir a la prensa y desaparecer por las escaleras de servicio, mientras los periodistas y admiradores esperaban en salas de prensa o en el lobby de los hoteles. Tenía estrategias para proteger su intimidad, aislarse y mantenerse en el anonimato en los encuentros de escritores y en otras celebraciones a las que asistía, obligado en ocasiones, por los compromisos que la fama le exigía.
Las entrevistas con el escritor son fuentes imprescindibles para vislumbrar ciertos aspectos de su personalidad; no por lo que en ellas externa y reitera, sino por cuánto oculta, sugiere, recrea, altera, fabula. Se entreve en el escritor una capacidad de invención que siempre tiene asideros en la realidad erosionada de expectativas, esperanzas, confinamientos. Su existencia estuvo acompañada de las sombras de la violencia y del sentimiento de pérdida que precipitaron el fin de su inocencia y, sin remedio, quebrantaron su vida adulta.
Hay entrevistas que por sus rasgos estilísticos y sus revelaciones entrelíneas son acercamientos biográficos. Las conversaciones que Elena Poniatowska tuvo con Rulfo son, en conjunto, un ejemplo; la amistad que les unió permite la relajación del escritor que, a pesar de todo, siempre se encubre con ironía y sarcasmos. Su sentido del humor va de la puerilidad al repentino sobresalto. “Juan Rulfo, ¡Ay vida, qué mal me pagas!” (1987)31 de Elena Poniatowska, es un extracto de las entrevistas publicadas entre 1945 y 1980. Otra entrevista reveladora es la de José Emilio Pacheco quien presenta así al escritor en 1959: “En un medio donde impera el menosprecio por la obra ajena, la suya ha despertado una admiración casi unánime entre todos los literatos. Rulfo no busca la notoriedad por medios bastardos; es lacónico, hosco; posee una modestia que no tiene la mayor parte de sus colegas. Su obra no es producto de la improvisación: ha madurado lentamente en años de continuo e inflexible trabajo”. En contraste Rulfo se entreve manchado de amargura a los 42 años de edad. Cuando la fama empezaba a tocarlo manifestó: “El éxito de mis libros en el extranjero puede tener resonancia para los lectores de otras lenguas, a mí ya no me importa. Para el autor un libro publicado es una cosa liquidada”.32 Rulfo se muestra como un actor representando diversos rasgos psicológicos, que se desdobla en un virtuoso conversador, en el encuentro que tuvo, en 1974, con estudiantes de la Universidad Central de Venezuela. Y sin advertirlo, también deja caer jirones de sus conflictos ante la página en blanco.33 A lo largo de esa conversación, por ejemplo, se contradice respecto de la escritura de la mítica novela “La Cordillera”, de cuya publicación se habló más de una década. En otra entrevista el mismo escritor comento aquella conversación: “Contestaba todas las preguntas con mentiras. No utilicé para nada la verdad de los hechos. Inventé que un señor era el que me contaba a mí los cuentos y que este personaje había muerto y que, desde entonces, yo no había vuelto a escribir cuentos porque no tenía quién me los contara. Fue un éxito de mi imaginación sobre mi miedo que esos momentos me provocan”.34 Sus respuestas sobre sí mismo, como se ve, variaban dependiendo del interlocutor, el espacio y el momento. De esa vaguedad se han alimentado las leyendas que rodean al personaje y definen una imagen, construida voluntaria e involuntariamente por el escritor, por el gremio de sus contemporáneos, por la prensa –que en sus inexactitudes y adjetivaciones vivifica el mito- y en los últimos ocho años por la Fundación Juan Rulfo, que aparece, a través de su vocero, como una especie de ujier y, en diversas momentos, como dictaminador censor de quienes investigan, crean y escriben en torno a Juan Rulfo y su obra.
Otras entrevistas ilustrativas sobre los fulgores y abismos del escritor, son las de Eugenia Caso (1968), Juan Cervera (19689, Joseph Sommers (1973), Ernesto González Bermejo (1979), Fernando Benítez (1980), Armando Ponce (1980), Eric Nepomuceno (1982), Jesús Torbado (1982), González Boixo (1983), Victoria Azurduy (1984) Sylvia Fuentes (1985), Gustavo Cobo Borda (1986) Roman Samsel (1986), Juan Osorio (1990) y Ernesto Parra (1990).
III
Los cronistas de Rulfo han recorrido travesías por interminables laberintos. Aún hay interrogantes que las biografías sólo han vislumbrado. La obsesión por alcanzar datos y fechas fidedignos puede, a veces, inhibir la escritura del texto y agostar los horizontes del universo creativo, social y afectivo del protagonista. La precisión de fechas y lugares no alteran las acciones, los méritos o los silencios de un creador, aun con la evidencia de documentos originales que aparecen como pruebas irrefutables de la autenticidad de los hechos narrados, confiriendo rigor al texto. Pero los documentos sólo suponen la aprehensión neutral de los sucesos. Y el resultado es una suerte de impresión en negativo de la realidad.
Una biografía original, pues, no sustenta su autenticidad en la exactitud de fechas y lugares, sino en la recuperación del personaje, destacando rasgos inéditos no sólo de sus itinerarios físicos (que en la vida de Rulfo no fueron demasiados), sino en el ahondamiento de los territorios emotivos y creativos que supone entrar a las turbulencias inescrutables de todo ser humano. Acaso una biografía reveladora de Rulfo exigirá rehacer los fragmentos autobiográficos que él dejó en las entrelíneas de sus declaraciones; confrontándolos, asimismo, con una glosa de sus textos literarios, cotejados, estableciendo, así, el vínculo ente vida-obra que, por otra parte, se ha banalizado con una ligereza que ha impedido nuevas conclusiones sobre el escritor y sólo se han repetido lugares comunes que han alimentado el mito.
Las crónicas y biografías sobre Rulfo muestran la perdurabilidad de su aura enigmática. Aprehender su figura, seguir sus vaivenes existenciales no se limita, pues, a la precisión de datos y al hallazgo de lapsos desconocidos en su periplo vital –lo cual ha venido siendo un obstáculo mayúsculo para cronistas, biógrafos e investigadores—. El mayor reto consiste en recuperar la presencia de un hombre esquivo, impredecible e insondable que sobrellevó una vida interior sin sosiego, con aparente indiferencia o laconismo. En las aspiraciones creativas e intelectuales del escritor, más que en sus ademanes, rutinas, simpatías y sinsabores cotidianos, se encuentran rasgos de su personalidad. La dificultad mayor de los biógrafos —después de la búsqueda de información que despeje las ambigüedades, tan reiteradas por la prensa y, con algunas excepciones, por quienes emiten opiniones de él—, está en asir a un personaje que, al intentar aprehenderlo, parece difuminarse. Al igual que Pedro Páramo cuando se trasladó al cine, existe el riesgo de que se petrifique al escritor como un monolito en el que se funden leyendas y lugares comunes alterados y actualizados al paso del tiempo. Tal fusión deja un rostro multiforme esculpido por la memoria colectiva, identificable en los medios de comunicación, el gremio literario, la cultura oficial -que por más de tres décadas elevó la memoria del escritor para exaltar al Estado- y la Fundación Juan Rulfo que durante los últimos diez años ha oscilado entre la dictaminación y el enjuiciamiento absolutos, y así rarifica más aún una figura indiscutible de la cultura nacional y Latinoamericana.
La participación de las biografías en la transformación de la imagen del escritor ha sido mínima; si se exceptúan sus logros documentales y meritos literarios, se han repetido en ellas anecdotarios y polémicas con variaciones circunstanciales. Será necesario aprehender la esencia anímica del escritor (las biografías de Roffé y Amat ahondan con perspicacia en este aspecto; la primera, penetra en la fragilidad del niño Juan y en la búsqueda de la presencia materna; la segunda se interroga sobre las búsquedas afectivas del escritor, entrelazadas a sus aspiraciones escriturales), más que referir sus viajes dentro y fuera de México, los cuales –en efecto- dan cuenta de un hombre genial e inestable, que a pesar de sí mismo, alcanzó un reconocimiento de la academia, los editores, y los lectores de todo el mundo. Habrá que situar al personaje en su época e integrarlo en las transformaciones de la cultura en México a lo largo del siglo XX, observando cómo incidieron esos cambios en su vida interior. Así podremos acercarnos a un hombre cuya obra es una cima insuperada entre nosotros, y cuyo genio supo aprehender el dolor y el desarraigo impronunciables que como una malignidad de sombras nos acompañan.
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1 Federico Munguía Cárdenas preguntó al autor de “Luvina” en dos ocasiones su lugar de nacimiento; la primera, respondió que en Apulco y la segunda que en San Gabriel. Véase Hermenegildo Olguín, “Los Rulfo, burócratas; los Vizcaíno, caciques”, en Rulfo en llamas, México, 1988, Proceso-Universidad de Guadalajara, 2a. ed. p. 187.
Felipe Cobián fue el primer cronista que documentó el año exacto del nacimiento de Carlos Juan Nepomuceno Pérez Vizcaíno: 1917; lugar, Sayula. Cobián prueba su afirmación con el acta de bautismo. Véase “Dato fidedigno: Juan Rulfo nació el 16 de mayo de 1917. Carlos Nepomuceno era su nombre”, La Jornada, 11 de enero de 1986, p. 22.
Fuentes allegadas a la Fundación Juan Rulfo, más recientemente, han decidido que Apulco es el lugar verdadero del nacimiento (Juan Rulfo. Voces y silencios, INBA, 2002, p. 51).
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2 El cambio de apellido del escritor -Juan Pérez Vizcaíno, en ocasiones con Nepomuceno- lo atribuye Federico Munguía Cárdenas a una sugerencia del tío David (Pérez Rulfo). Eliminando los dos patronímicos iniciales revivirá, como primero, el tercero de ellos, que era el menos común, y lograba así el nombre con el cual aparecen firmados sus cuentos desde la mitad de la década de los cuarenta y con el que se le conoce en todo el mundo. (Véase Federico Munguía Cárdenas, “Antecedentes y datos biográficos de Juan Rulfo”, Homenaje a Juan Rulfo, recopilación, revisión de textos y notas de Dante Medina, Guadalajara, Jal., Universidad de Guadalajara (Colección del Centro de Estudios Literarios, p. 337).
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3 A pesar de las constantes negativas del escritor a ser entrevistado, hizo concesiones con algunos periodistas, estudiosos y colegas. Es extraño encontrar cerca de ochenta referencias bibliohemerográficas de entrevistas con el escritor en el ámbito mexicano; y más de medio centenar se pueden consultar en bibliotecas y hemerotecas públicas. Véase Roberto García Bonilla, “XII. Entrevistas y conversaciones” en “Apéndice” de Un tiempo suspendido. Cronología de la vida y la obra de Juan Rulfo, México, Dirección General de Publicaciones de Conaculta (en prensa).
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4 Luis Harss (en colaboración con Barbara Dohmann), “Juan Rulfo o la pena sin nombre”, en Los nuestros, Buenos Aires, 1968, Sudamericana, (pp. 301-377)
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5 Reina Roffé, Juan Rulfo. Autobiografía armada, Buenos Aires, Ediciones Corregidor, 1973, 101 pp.
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6 Ramiro Villaseñor Villaseñor, Juan Rulfo. Biobibliografía, apéndice de Ricardo Serrano, Guadalajara, Jal., Gobierno del Estado de Jalisco-Unidad Editorial, 1986, p. 11.
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7 Está crónica se publicó originalmente entre el 8 y el 11 de enero de 1986 en el diario, La Jornada.
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8 Véase Federico, Antecedentes y datos biográficos de Juan Rulfo, Jalisco, Gobierno del Estado de Jalisco (ensayo e investigación), 55 pp.
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9 Antonio Alatorre, “Cuitas del joven Rulfo, burócrata”, Umbral, Guadalajara, Jal., 1992, núm. 2, primavera, Secretaría de Educación y Cultura de Jalisco, pp. 58-71.
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10 Antonio Alatorre, “La persona de Juan Rulfo”, en Literatura Mexicana, vol. X, núms. 1, 2, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, pp. 225-247
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11 Jorge Rufinelli, “Un diálogo” en “La leyenda de Rulfo: cómo se construye el escritor desde el momento que deja de serlo”, en Juan Rulfo Toda la obra, edición crítica, coordinación de Claude Fell, México, Conaculta-ALLCA XX (Archivos, 17), pp. 467-470.
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12 Orlando Gómez-Gil, consigna en la Historia crítica de la literatura hispanoamericana (Holt, Rinehart and Winston, 1968.) refiere a “La Cordillera” como novela publicada (pp. 722-724, 736); en el segundo tomo -Literatura hispanoamericana: antología crítica. Desde el modernismo hasta el presente- se menciona otra vez la novela que ya había anunciado La Gaceta del Fondo de Cultura Económica en su primer número de 1964 entre otros nuevos títulos de la colección Letras Mexicanas: Rito de iniciación de Rosario Castellanos; El héroe sin vida de Carlos Fuentes; Los errores de José Revueltas; La cordillera de Juan Rulfo; La pequeña edad de Luis Spota; Música concreta de Amparo Dávila y Seguimiento de Gabriel Zaid. Y en la misma Gaceta apareció la reseña “Ayuquila, Dionisio Arias, una casta condenada: ‘La Cordillera’ ”, firmada por A. S.
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13 Emmanuel Carballo, “Juan Rulfo, 1917-1986”, Protagonistas de la literatura mexicana, México, Porrúa (“Sepan Cuantos…”, 640), 1994, pp. 409-428.
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14 Fabiola Ruiz, Por el camino de Juan, presentación, Hugo Gutiérrez V., Zapopan, Hidalgo, Jalisco, Doble Luna Editores, 72 pp.
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15 Fabiola Ruiz, Por el camino de Juan [Iconografía], Universidad de Guadalajara, Secretaría de Cultura/Gobierno de Jalisco, 43 pp. (29 fotografías). La misma autora publicó, Memoria. Rulfo. Las mujeres, Colima, 1999, Gobierno de Colima-Secretaría de Cultura, 94 pp; y en 2005, De Sayula al Olimpo. La construcción intermedial del escritor Juan Rulfo como icono de la cultura nacional mexicana. Aportes de Daisy Ascher, José Luis Cuevas y Francisco Rodón, Berlín, Wissenschaftlicher –Verlag-Berlin, 399 pp
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16 Milagros Ezquerro, “Le roman en première personne” en L’autobiographie dans le monde hispanique, Universidad de Aix en Provence, Etudes Hispaniques 1, 1980, pp. 63-76 y Juan Rulfo, Paris, Editions L´Harmattan, 147 pp.
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17 José Riveiro Espasandín, Pedro Páramo. Juan Rulfo, Barcelona, 1984, Laia, 100 pp.
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18 Sergio López Mena, Los caminos de la creación en Juan Rulfo, México, UNAM (Biblioteca de Letras), 138 pp.
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19 Reina Roffé, Juan Rulfo. Las mañas del zorro, Madrid, 2003, Espasa-Biografías, 301 pp.
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20 Roberto García Bonilla, entrevista con Reina Roffé, 2003, (inédita).
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21 Nuria Amat, Juan Rulfo, el arte del silencio, Barcelona, 2003, Ediciones Omega, 517 pp.
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22 Nuria Amat, “Un viaje al revés”, El Ángel, de Reforma, México, 27 de febrero, 2005, p. 4.
En la novela La intimidad (Alfaguara, 1997), Juan Rulfo y Pedro Páramo se funden por designios de la narradora de Nuria Amat.
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23 Alberto Vital, Noticias sobre Juan Rulfo, 1784-2003, México, 2004, Coordinación de Difusión Cultural, UNAM, RM, p. IX
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24 Véase Adriana Cortés Koloffón, “Noticias sobre Juan Rulfo”, La Cultura en México, de Siempre¡, México, 29 de agosto, 3004, p. 69.
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25 Juan Rulfo, Grigori Karlenovich Gazarian y Sorel Contreras Meyerberg, México, 2004, Grupo Editorial Tomo (Los Grandes Mexicanos), 175 pp.
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26 Juan [Antonio] Ascencio, Un extraño en la tierra, Biografía no autorizada de Juan Rulfo, México, Debate, 409 pp.
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27 Véase Jorge Luis Espinosa, “Sólo escribo lo que el propio Rulfo expresó” (entrevista a J. A. Ascencio), El Universal, México, 3 de marzo de 2005, p. 6.
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28 “Morbo, el tema del alcohol” (entrevista a J. P. Rulfo), Sección Cultura de El Universal, México, 3 de marzo de 2005, p. 6.
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29 “A Rulfo, Feria de Letras en Coyoacán”, Sección Cultural de El Universal, México, 3 de mayo, 2005, p. 3.
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30 En el apéndice a Un tiempo suspendido. Cronología de la vida y la obra de Juan Rulfo del autor de este texto (México, Conaculta, en prensa) se consignan setenta y ocho entrevistas; algunas son conversaciones que luego se transcribieron. La mayoría procede de la prensa mexicana, pero hay también textos de periodistas españoles y sudamericanos. Acaso por sentirse menos asediado, Rulfo se nota, generalmente, más afable y extrovertido con sus entrevistadores extranjeros. Muy probablemente, fuera de México le abrumaba menos la pregunta sobre la publicación de su siguiente libro (por supuesto se hablaba, sobre todo, de “La Cordillera”). El investigador español José Carlos González Boixo preguntó alguna vez a Rulfo cómo decidía a qué periodista le concedía entrevista y con quiénes se negaba. Él sencillamente dijo que aceptaba ser entrevistado por quienes le simpatizaban más.
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31 Elena Poniatowska, “Juan Rulfo, ¡Ay vida, qué mal me pagas!” en ¡Ay vida, no me mereces! México, Joaquín Mortiz, 1984, pp. 133-165.
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32 Véase José Emilio Pacheco, “Imagen de Juan Rulfo”, México en la Cultura, de Novedades, México, 20 de julio de 1959, p. 3
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33 “Juan Rulfo examina su narrativa”, diálogo con los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (moderada por Ángel Rama y José Balza), el 13 de marzo de 1974, transcripción y edición de María Helena Ascanio, Escritura, Caracas, vol. I, núm. 2, 1976, pp. 305-317.
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34 Véase Juan E. González, “Entrevista con Juan Rulfo”, Revista de Occidente, Madrid, núm. 9, octubre-diciembre de 1981, p. 112.
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Comentario de antonio alvarez michel
Realizado el Martes, 18 de Agosto del 2009 a las 12:34 PM
yo lei a juan rulfo en la universidad de san jose california. y me dio mucho gusto, y orgullo, leer ” oyes ladrar los perros ” y llegar a la conclusion despues de recordar que cuando yo tenia 10 anos mi padre mariano michel me llevo al cine en california en los sesentas a ver la pelicula pedro paramo con os artistas de esos anos. ahora me da mas gusto el saber que la planean regrabar con artistas de estos anos 2009 y 2010.
yo quiero escribir un libro de la historia,vida, trabajo, hacienda, de mi abuelito antonio vizcaino michel, de su esposa, que murio, se volvio a casar, i se le murio la segunda, y se caso la tercera vez. tuvo mucha familia. yo lo visite en 1971. cuando me gradue de mi escuela en 1974 viaje en mexicana de aviacion a guadalajara a plaza del sol con mis tios. pero mi tio me dijo que mi abuelito habia muerto en el verano del 74, y me senti triste de no poder abrazarlo y decirle abuelito me gradue porque soy listo como tu y my papa mariano gonzalez michel me gradue porque soy igual al rayo de jalisco me gradue porque soy un heroe, no fumo y no tomo, me gradue porque soy kaliman y no un borracho clasico de jalisco, soy un heroe con corbata solo me falta la capa de kaliman la capa blanca pura y limpia como mi alma de tonaya, alma del llano de tonaya alma del paso de san francisco donde esta la bella hacienda de mi abuelito antonio vizcaino michel, que me dio un plato de birria de chivo adobada una experiencia inolvidable para mi un joven de la escuela en aquellos anos y me subi a un becerro antes de ponerles el hierro con las iniciales de mi abuelito A.M.A
M
A
en el lado del becerro
y yo como kaliman me lanze hacia arriba ala pared del corral de enfrente de la entrada de la hacienda el paso de san francisco.
me lanze como kaliman y me pare en el comedero de los becerros y las vacas. soy antonio alvarez michel y quiero informacion de mi abuelo y la hacienda, dicen que el nacio en la liebre o las liebres jalisco y despues con monedas de oro le compro la hacienda a una senora que quedo viuda, y ella se fue a guadalajara.
mi padre distribuia leche desde el paso a los pueblos circumvecinos pero despues decidio venirse a california como bracero y llego a oceanside y sacramento california, trabajo un tiempo con cesar chavez y despues se registro con la union internacional de trabajadores y completo su maximo de anos para su pension en alameda california, lo heredaron en el serro de el paso y en la cofradia . y construyo su casa alla en mexico lindo y querido. si dios quiere me gustaria trabajar de profesor de ingles en guadalajara , michoacan, colima, y nayarit en el futuro hay nos vemos mi celular es 408-771-2527 buena suerte y hasta la proxima.
Comentario de ZULEY
Realizado el Jueves, 10 de Septiembre del 2009 a las 7:03 PM
PARA MI LO QUE MAS DEBERIAN PUBLICAR LA BIOBIBLIOGRAFIA
DE JUAN RULFO